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Básquet

Nunca vi a un equipo tocar tanto tiempo el techo como la Selección en China 2019: el mejor que dirigí

Sergio Hernández es el entrenador de la selección argentina de básquetbol. Lo fue primero entre 2005 y 2010 y cinco años después retomó el puesto hasta el presente. Sus logros podrían llenar esta página, pero es mucho más que un técnico exitoso: es uno de los protagonistas de la Generación Dorada del básquet nacional.
Oveja vive la pausa que significa la postergación de los Juegos Olímpicos de Tokio y desde su casa, en Buenos Aires, repasa el presente y glorioso pasado inmediato del equipo celeste y blanco, que viene de obtener la medalla plateada en el último mundial.
-¿Cómo estás viviendo la cuarentena?
-Como se puede. Son situaciones inesperadas y antinaturales. A los 56 años me agarra en una etapa de mi vida en la que puedo bancármela; teniendo algo para comer y para tomarme una copa de vino a la noche y las comodidades que gracias a dios puedo tener, internet… Pero sí, hay una sensación de privación de libertad, y es una sensación porque en realidad estamos guardados para cuidarnos y cuidar a los demás. El deporte me enseñó que las reglas se respetan y los roles se cumplen. En este momento la Argentina es un gran equipo y cada uno de nosotros tiene un rol determinado. El mío es quedarme adentro.
-¿Se siente la falta de actividad?
-Si bien el deporte es súper importante, no es esencial para la vida, así que aquí estoy: cumpliendo con lo que me toca. Con convicción, no por obediencia. Ante un virus nuevo, desconocido, se descubre que evitando el contacto y la aglomeración se puede controlar y bueno, la medida a tomar es las que se están tomando, por lo tanto no tienen que convencerme para quedarme en casa, lo hago. Por eso lo llevo mejor, porque como diría Marcelo Bielsa: “es mejor hacer las cosas por convicción que por obediencia”.
-El plan por delante de las individualidades. ¿Cómo un líder logra potenciar las virtudes de un equipo y cómo trabaja sobre los errores?
-Planificación, estrategia, táctica y quienes ejecutan todo eso, mientras más calidad haya mejor funcionará el equipo. Pero cuidado con partir con que el plan o el sistema está por encima de las individualidades. La ejecución es más importante que el plan… Nada es “más importante” que lo otro, pero si me das a elegir, quiero tener buenos ejecutantes y menos plan. Si vos tenés a Ginóbili, Scola, Oberto, Nocioni… podés ir a jugar sin jugadas, sin sistemas. Ahora, si a esos jugadores les metés un plan bueno, una estrategia a la que ellos se comprometen, la compran, los mejora y les recrea un escenario favorable, obviamente potenciás todo y conseguís lo que ellos lograron cada vez que se juntaron.
Hoy hay mucho verso al respecto, porque no se sabe bien qué es ser entrenador, qué es ser líder, qué significa. Parece que la gran faceta del entrenador es la motivación, el saber llevar un plantel, el saber conducir un grupo humano, la empatía, el ángel, el carisma, el saber apretar la tecla justa de cada jugador… y eso, no digo que no sea importante, pero es simplemente un agregado que se le puede poner. La base de todo liderazgo y lo que no le puede faltar a un entrenador es idoneidad, es conocimiento sobre la materia, tanto sobre el juego en sí como sobre cómo gestionar ese conocimiento: didáctica, metodología… no me animo a decir psicología porque sería meterme en un terreno que no corresponde.
El conocimiento es la base de todo. Lo que pretende un jugador y con lo que mejor manejás el ego de un jugador, es con las herramientas que vos le das para que él se desenvuelva mejor. Al fin y al cabo el jugador cuando te mira te está pidiendo “haceme mejor”.
“El deporte me enseñó que las reglas se respetan y los roles se cumplen. En este momento la Argentina es un gran equipo y cada uno de nosotros tiene un rol determinado. El mío es quedarme adentro”
-Te mide el jugador a vos también…
-Obvio. El jugador espera de vos que le armes un escenario para que él pueda potenciarse y ser mejor. Porque aún queriendo ganar colectivamente, ese ego famoso del que siempre hablamos existe y no lo podés negar. Y cuando el jugador se ve beneficiado por un entorno, por un esquema que vos le creaste, con una estrategia que encontraste adecuada, una táctica para llevar adelante esa estrategia, una metodología para entrenar esa táctica, cuando el jugador ve que eso lo favorece individualmente, se entrega. Pongamos un ejemplo, pero que no sean estos de la Generación Dorada: Selem Safar, tirador, y no le creás un escenario para que él y el equipo es un desorden, Selem que la pica con el codo pero que cuando le creás una situación para tirar es un asesino; si no hubiese orden, Selem no encontraría un tiro. Entonces, ¿a quién va a seguir? A aquel entrenador que le cree un escenario para ordenarlo. Aun si el equipo pierde o gana.

-El jugador busca en el entrenador a alguien lo mejore, que le ayude a progresar…
-Hace poco di una charla con Pepe Sánchez. Él decía que como había estudiado filosofía y letras en Estados Unidos, cuando hablaba de liderazgo y trabajo en equipo él partía de una premisa que es la primera condición del ser humano: la supervivencia. Es así por naturaleza. Para sobrevivir hace falta el egoísmo. Por lo tanto el ser humano es egoísta por naturaleza, no es altruista por naturaleza. Y como entrenador, como conductor de un grupo, no podés no partir de esa premisa. Esos que vienen diciendo “no me importa jugar mal”, “no me importa no lucirme”, “a mí lo único que me importa es ganar”… es una gran falacia; no existe. Todo el mundo quiere de alguna manera colaborar desde su rol, tirando al aro, agarrando rebotes… Que el jugador se sienta útil para el equipo.

– Además de ser el ordenador hay un lazo afectivo con los jugadores, ¿te encariñás mucho con los equipos?
-La vida es así, el grupo se vuelve como tu familia. Le pasaba lo mismo a Ronaldo, a Kobe Bryant, a Leo Messi, a Michael Jordan… Los equipos no son otra cosa que relaciones humanas. Es un grupo de personas yendo por un objetivo, que se transforma en un equipo porque pone reglas, estrategias, tácticas, entrenamientos… Pocas cosas se logran en la vida si no hay un compromiso que esté más allá de la actividad que uno hace.

-Respecto a The last dance, la serie documental que narra la época de Jordan, se habla mucho del liderazgo que él ejercía. ¿Qué opinión te merece?
-En principio, el profesionalismo es muy duro. El deporte de alto rendimiento es difícil, hay mucho dinero en juego, hay muchos ojos en tu nuca permanentemente, por lo tanto ser un líder es doblemente duro, porque la responsabilidad está puesta en vos. Había veinte mil personas en cada juego de Chicago Bulls y lo cubrían más periodistas que cualquier partido del mundo porque estaba Jordan. No le podés pedir a Jordan que actuara como lo hacía Toni Kuko?, no, porque la presión que vive es otra cosa. Es lo mismo que exigirle a Maradona que tuviera la conducta de mi primo José, que hace lo mismo todos los días de su vida, que vivió siempre en el mismo lugar, y está todo bien. Jordan lideraba como podía desde su mentalidad tremendamente ganadora, bajo la presión que él vivía siempre y tan mal no lo debe haber hecho: llevó seis veces al equipo hacia el título y logró potenciar a jugadores -sacando a Scottie Pippen y a Kuko?- que jamás hubiesen ganado lo que ganaron si no hubiera estado Jordan.
Es una serie que emociona. Hay una imagen en la que Jordan llora en el piso del vestuario abrazado a la copa; te muestra lo que sufre un tipo de esos, lo que duele liderar y ganar como ganaba él.
Yo tuve jugadores muy duros. Los liderazgos de Leo Gutiérrez no me los olvido más: ser medio novato en un equipo de Leo Gutiérrez… ¡ay, papá!… a veces se iban al vestuario llorando. Era exigencia, exigencia, exigencia. Como decía Jordan: “si vos querés estar acá, las cosas son así”.
“Cuando el jugador se ve beneficiado por un entorno, por un esquema que vos le creaste, con una estrategia que encontraste adecuada, una táctica para llevar adelante esa estrategia, una metodología para entrenar esa táctica… Cuando ve que eso lo favorece individualmente, se entrega. Quiere de alguna manera colaborar desde su rol, tirando al aro, agarrando rebotes… Ser sienta útil para el equipo”.

-Después de la medalla de plata en China 2019, dijiste “este es el mejor equipo que dirigí en mi vida”. ¿Qué tenía?
-Los dos equipos más grandes que dirigí en mi vida fueron en el Mundial 2006 y este último. Nunca vi a un equipo tocar tanto tiempo el techo, todo el tiempo desde el Panamericano. Todos los días mejoraba algo. Si agarraba a un equipo que no era suficientemente fuerte, lo pasaba por encima; si sacaba 20 puntos no bajaba su rendimiento, al contrario. El otro equipo, el anterior que fue al mundial de Japón, como plantel tenía más calidad, más oficio y más experiencia, tenía tanto plantel que podía regular por momentos. Pero este último de 2019 funcionó de manera casi perfecta todo un torneo, menos la final en la que España nos dominó. Sigo creyendo que es el mejor equipo que dirigí en mi vida.

-Algo escuché de Serbia y de Francia, que compararon a ese equipo con el anterior…
-Creo que nos subestimaron; sobre todo Serbia. No pensaron que íbamos a funcionar como funcionamos. Nunca vi en la antesala una diferencia de plantel, en lo físico, como la de Serbia con Argentina. Ellos nos entraron con Nikola Joki? de 4 y Miroslav Raduljica de 5… por más huevos que vos tengas, no hay manera. Y si se cargaba de faltas Raduljica entraba Boban Marjanovi?, y si se cargaba de faltas Joki? entraba Nemajna Bjelica… ¡Eran doce top Euroliga o top NBA! Joki? y Bogdan Bogdanovi? son All Star Game de la NBA, no era joda. La diferencia de plantel era tremenda. Cuando promediaba el partido y no nos podían desgastar, Argentina se empezó a sentir poderoso, ellos empezaron a tener miedo y nosotros jugamos con el miedo de ellos, lo aprovechamos.

-Argentina se anticipó en defensa, se anticipó en ataque… Serbia no esperaba eso.
-No hay nada casual, y por eso tienen tanta coherencia lo de Rubén Magnano, Julio Lamas, yo… Hay mucho nivel en los entrenadores argentinos, mi cuerpo técnico era fantástico. Y a partir de que nuestros jugadores empezaron a emigrar y comenzamos a ver cómo se jugaba en Europa y en la NBA empezamos a ver la tendencia internacional y reconocer nuestro biotipio y nuestra esencia y nos pusimos a juntar eso con nuestra mentalidad ganadora. Vimos lo que nos falta y fortalecimos lo que tenemos: Argentina encontró una manera de anticipar, si queremos ganar algo tenemos que ser un estorbo para el rival, defensivamente jugar con mentalidad de anticipación, no podemos protegernos, tenemos que anticipar todo el tiempo: presión a la bola, línea de pase, presión a la bola, línea de pase, presión a la bola, línea de pase… Los cuarenta minutos. Si no, no tenemos ninguna chance. Mantenerte lejos del aro, no dejarte dar vuelta el balón, no dejarte buscar el ángulo de pase, no dejarte poner la pelota en el piso… Y cuando conseguimos el balón tenemos que utilizar los primeros siete segundos de manera brillante para que no nos hagan eso a nosotros. Si nos obligaban a jugar cinco contra cinco pausado, se nos apagaba la luz, no vemos el aro. Bloque alto más ataque rápido más ataque secundario: fuimos el equipo que más pelotas le hizo perder a los rivales, fuimos el equipo que más puntos metió en ataque rápido y el que más puntos metió en transición. Eso nos llena de orgullo, por eso digo que ganamos la plata y no que perdimos el oro. Llegamos a nuestro techo.

-En un momento de la final del último Mundial dijiste “olvídense del marcador, ya está”.
-En los partidos hay momentos en los que si estás atento al marcador te contaminás, te intoxica, no te deja jugar el básquet que vos querés. Vayas ganando o perdiendo, la focalización siempre tiene que estar sobre el juego, nunca sobre el resultado. Nunca estuvimos muchos puntos abajo, había fuerte dominio de España en el juego y cuando nos llevaban 7 parecía que nos llevaban 25; y nos ganaba la ansiedad. Cuando estábamos 7 abajo queríamos meter tiros que valgan 8 y no existen. No tenés que perder la línea, tenés que seguir jugando tu juego, si lo perdiste lo tenés que volver a encontrar, pero siempre con herramientas válidas: con orden, con juego, con criterio, con coherencia, con táctica. Y siempre le digo a mis equipos: no miren el tablero.
Perdimos porque España nos dominó. Y para un equipo sin experiencia internacional juntos y que no había sido dominado en todo el torneo, encontrarse con eso en la final fue grave y el partido no dio tiempo para modificarlo. Esos tiros que parece que erramos porque hubo mala puntería, los erramos porque España nos puso en una situación de sentirnos mal: nos dominó el juego, no nos permitió correr, nos quitó el contraataque, nos obligó a jugar cinco contra cinco, nos defendió durísimo, nos atacó muy agresivo, nos quitó ritmo y nos metió en un terreno en el que no teníamos experiencia. Sentimos ese golpe.
Ese España, que es un equipo tremendo, de primerísimo nivel, con dos jugadores recontra Top de la NBA como Ricky Rubio y Marc Gasol, con la base del Real Madrid campeón de Europa, nos llevó a su terreno.

-Aun así reconocieron el valor del equipo argentino.
-En el túnel para buscar la medalla crucé unas palabras con Sergio Scariolo, en técnico de España, lo felicité y me reconoció: “fue nuestro mejor partido, porque nunca antes los había visto tan cagados como antes de este partido, tenían miedo y entonces respetaron el plan de juego como nunca en su vida”.
Nos hubiese encantado ganar, pero creo que ganó el mejor equipo.

-Y se ganaron la plata…
-Sí, hay que terminarla con eso de que “el segundo es el primero de los perdedores”, que “el éxito es ganar”, que “si perdés son un fracasado”… Fue el partido FIBA más visto por TV en el mundo en toda la historia, sabía que había mucha gente mirándonos y sentí la responsabilidad de llevar un mensaje del cual estoy convencido. Hay muchos jóvenes que nos siguen y hay que acompañarlos, nada más, y empezar a escucharlos.
“Los dos equipos más grandes que dirigí en mi vida fueron en el Mundial Japón 2006 y este último de China 2019. Nunca vi a un equipo tocar tanto tiempo el techo, todo el tiempo desde el Panamericano. El otro equipo que fue a Japón, como plantel tenía más calidad, más oficio y más experiencia, tenía tanto que podía regular por momentos. Pero este último de 2019 funcionó de manera casi perfecta todo un torneo, menos la final. Sigo creyendo que es el mejor equipo que dirigí en mi vida”
Selección Argentina Mundial Japón 2006
-Sacando a la NBA, llegaron a la final los dos mejores equipos de las dos últimas décadas del mundo FIBA.
-Sí, definitivamente.
-¿Y por qué a Argentina le cuesta tanto vencer a España?
-Cuando les ganamos en Turquía llevábamos 17 partidos sin ganarles. Y después tampoco volvimos a ganarles. Encontraron la maneras de jugarnos que otros países no han encontrado. Ellos también viven su generación dorada. Siempre fueron el único equipo que a nosotros no nos jugó con el freno de mano puesto: nos desafiaron, nunca tuvieron miedo a perder contra nosotros. Para un serbio o un lituano argentina es algo nuevo, pero para España no. Nuestros mejores jugadores jugaban en España. Cuando Baskonia ganaba la liga tenía a Prigioni, a Scola, a Nocioni, a Oberto, Sconochini, Wolkowyski… Y cuando Málaga salió campeón de la ACB el base era Pepe Sánchez y el alero Walter Herrmann; y cuando la Kinder Bologna salió campeón en Italia el ídolo era Manu Ginóbili, entonces ellos sabían: “guarda con los argentinos”.

-¿El broche de la Generación Dorada fue la victoria contra Brasil en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016?
-Siempre digo que fue el partido con más emoción de mi vida, por cómo se dio el juego, el estadio, la llegada, la salida, las vivencias, un clásico… No solo de los que estuve dirigiendo, de los que me haya tocado presenciar también, de todos. Era muy difícil abstraerse del ambiente. Por algo al estadio lo llamaban “La Bombonera brasileña”. Lo que sucedía con Argentina Básquet era increíble y ese día, si bien había más brasileños, la fiesta que se armó fue tan grande y encima con doble suplementario, sabiendo que en cada partido se acercaba el retiro de Manu Ginóbili… Había una congoja: la gente iba a ver a Argentina, ya no para verla ganar, no le importaba, iba a estar con ese equipo, a acompañarlo. Y además el equipo tenía mucho huevo, iba al frente, buscaba, peleaba, Manu con 40 años se tiraba de cabeza… Y Chapu tuvo la posibilidad de vengar esos tiros errados como el de España.

-Y después la despedida ante Estados Unidos.
-Con todos rindiéndoles homenaje. Pensá que Manu tenía más anillos de la NBA que todo el equipo de Estados Unidos junto. Esa fila que hacen LeBron James, Kevin Durant, para ir uno por uno con paciencia a saludar a Ginóbili como homenajeando su retiro fue de los más fuerte que yo he visto en mi carrera. Ese Juego Olímpico demuestra que el éxito no está siempre emparentado con ganar. Río 2016 quedó en nuestros corazones tanto como si nos hubiéramos colgado una medalla.
“La victoria ante Brasil en los Juegos Olímpicos 2016 fue el partido con más emoción de mi vida, por cómo se dio el juego, el estadio, la llegada, la salida, las vivencias, un clásico. Era muy difícil abstraerse del ambiente. Ese Juego demuestra que el éxito no está siempre emparentado subirse al podio. Río 2016 quedó en nuestros corazones tanto como si nos hubiéramos colgado una medalla”.

-¿Qué significa ir a unos Juegos Olímpicos?
-Antes de ir pensás que eso del “espíritu olímpico” es verso, que no existe. Y ahí te das cuenta de que es verdad, de que los Juegos Olímpicos son sagrados. Es una de las cosas que se mantienen puras y lo más rescatable son esos veinte días que vivís adentro de la Villa Olímpica: compartir con los mejores atletas del mundo es mucho más grosso que subirte a un podio. Es lo más grande.
– Más allá de qué tu contrato finaliza en 2020, es un hecho que vas a dirigir en los Juegos de Tokio el año que viene…
No lo sé. Pero por mi parte desde ya que está el deseo de continuar hasta los Juegos y cerrar mi carrera en la Selección en Tokio 2021.
-¿Cuál fue el momento en el que sentiste más fuerte representar a la Argentina?
-Los Juegos Olímpicos. A Beijing 2008 fui con cero expectativa. Y cuando pisás la Villa Olímpica ya no sos más Usain Bolt ni Ginóbili: vos te llevás tu propia valija, te hacés tu propia cama… Durante el desfile inaugural me cayó la ficha. No quería que terminara nunca ese desfile. Ojalá me toquen los cuartos juegos, en Tokio.
Y otro momento inolvidable, también en China, fue el año pasado antes de la final con España, cuando con el cuerpo técnico nos decíamos: ¿tenemos conciencia de que estamos por jugar la final del mundo? Y el himno previo a la final fue cuando más fuerte sentimos lo que es representar a la Argentina.

ENTREVISTA OVEJA HERNÁNDEZ
Fuente: JONATAN FABBIAN
Entrevistas

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